NUESTRA FILOSOFÍA
En La Molinilla entendemos el pan como un producto vivo, resultado de la combinación de ingredientes de calidad, un proceso respetuoso y una elaboración paciente. Cada pieza de pan que sale de nuestro obrador es el reflejo de nuestro compromiso con la autenticidad y el respeto por la tradición panadera.
Somos exigentes con las materias primas que utilizamos. Buscamos granos selectos y, siempre que es posible, ecológicos. No nos acogemos a la certificación ecológica, ya que consideramos que sus estándares no garantizan un valor diferencial.
Sin embargo, trabajamos con harinas sin residuos de pesticidas, lo que nos permite obtener un pan con un sabor puro y natural. También utilizamos sales en escamas ecológicas, elegidas por su mejor disolución en el amasado, lo que contribuye a la calidad final del producto.
El pilar de nuestra panadería es un proceso lento y respetuoso. La fermentación prolongada es nuestra seña de identidad, lo que nos permite obtener un pan único, con una textura, un aroma y un sabor que solo se consiguen con tiempo y paciencia.
PROCESO DE ELABORACIÓN
La elaboración de nuestro pan sigue una metodología precisa, en la que cada etapa es clave para garantizar un producto de calidad.
Se trata de un proceso artesanal que se puede resumir en 9 pasos fundamentales:
Selección de Ingredientes y Pesaje
Cada receta ha sido desarrollada con un equilibrio exacto de ingredientes para lograr un pan con carácter propio. La precisión en el pesaje garantiza la consistencia de cada elaboración.
Amasado
En este paso, la ciencia y la experiencia juegan un papel fundamental. Controlamos la temperatura del ambiente, la harina y la fricción de la amasadora para determinar la temperatura óptima del agua. Realizamos amasados cortos para conservar los aromas y sabores naturales de la masa.
Fermentación en bloque
Uno de los pasos más importantes. Aquí la masa comienza a desarrollar su estructura y volumen. Dependiendo del tipo de pan, realizamos uno o dos pliegues, ajustando el tiempo de fermentación entre 3 y 5 horas en función de la temperatura.
División y reposo
Pesamos cada pieza de manera individual, ya sea un bollito de 80 g o una hogaza de 4 kg. No utilizamos pesadoras mecánicas, ya que queremos preservar la estructura obtenida en la fermentación en bloque. Después de la división, dejamos que la masa repose para que se relaje y pueda trabajarse con facilidad.
Formación de las piezas
Aquí interviene la destreza del panadero. Cada pieza se modela con cuidado, dándole la forma deseada: hogaza, baguette, molde, chapata, mollete… Es un proceso manual en el que se aplica la tensión justa para que la masa pueda mantener su estructura en los siguientes pasos.
Fermentación Final
Es el momento de comprobar si todo el proceso anterior ha sido correcto. En esta fase, la masa desarrolla su sabor y estructura definitiva. No buscamos que fermente completamente, ya que la expansión final debe producirse en el horno.
Corte de Piezas
Antes de hornear, realizamos incisiones en la superficie del pan. Este paso no solo tiene una función estética, sino que también permite controlar la forma en la que la masa se expande durante la cocción.
Horneado
La última prueba de nuestro trabajo. Ajustamos temperatura, vapor y apertura del horno para conseguir una corteza crujiente, un interior aireado y una textura equilibrada.
Reposo y Degustación
Después de salir del horno, el pan sigue evolucionando. Dejamos que repose el tiempo necesario para que alcance su punto óptimo antes de llegar a las manos de nuestros clientes.
Un pan con alma
En La Molinilla, cada pieza es el resultado de un proceso que respeta los tiempos y los ingredientes, pero sobre todo, el legado de la panadería artesanal. No buscamos atajos ni fórmulas industriales, porque creemos que el pan de verdad solo se consigue con paciencia, conocimiento y respeto por la tradición.
Nuestro método de elaboración, basado en fermentaciones largas y amasados suaves, no solo potencia el sabor y el aroma del pan, sino que también mejora su digestibilidad. Gracias a la acción natural de las levaduras y bacterias presentes en la masa madre, los almidones se transforman lentamente, facilitando su asimilación por el organismo. Esto da como resultado un pan más ligero y saludable, que se mantiene fresco durante más tiempo sin necesidad de aditivos ni conservantes.
Además, la combinación de harinas cuidadosamente seleccionadas y un horneado preciso nos permite ofrecer un pan con una corteza crujiente, una miga equilibrada y una riqueza de matices que solo puede lograrse con una elaboración artesanal. Cada pieza es única, reflejo de un trabajo minucioso y de nuestra pasión por recuperar la esencia del pan de siempre.
Más que un alimento, el pan es cultura, historia y tradición. Y en La Molinilla, cada día nos esforzamos por mantener vivo ese legado, ofreciendo un producto que honra el pasado y se adapta a los paladares del presente.






